Por qué no salimos en la tele

Me pregunta una amiga por qué no ha visto nunca nada de lo que cuento en mi libro por los telediarios.

Los telediarios son entretenimiento, o “infotenimiento”, que es mi traducción particular del palabro inventado «infotainment». Ya no creo que nada de eso sea información.


Los contenidos de las privadas son la materia prima para producir una audiencia que vender a las empresas anunciantes. En el caso de las públicas la audiencia justifica los fondos que se les asignan, aunque a veces también los contenidos.

En cualquier caso ningún medio de comunicación de masas puede permitirse separarse del discurso mediatico comun. Las privadas porque dependen de sus anunciantes, que casi siempre son mega empresas multinacionales y que a su vez dependen de la permanencia del estatus quo que conocemos, y las públicas dependen de los estados, que depende de lo mismo y que de todas formas tienen menos poder que algunas multinacionales.

Luego le solté un rollo aprendido de Chomsky que no hace falta repetir aquí; sobre los filtros que se aplican en el proceso de decidir cuáles de los hechos que se producen son finalmente publicados.

Lo que no me acordé de decirle es que una de las razones por las que muchos autores acabamos auto-publicándonos es por esos mismos filtros.

La gente usa blogs, websites / “redes sociales”, que de momento están tolerando bastantes conversaciones que no van necesariamente con el pensamiento corporativo. Pero no todas. La última vez que miré, solo en esa semana se habían cerrado tres grupos de facebook. Todo el curro para conseguir unos cuantos miles de seguidores a la basura, ninguna explicación. Pero no lo vemos, o no lo miramos. Parece que descubrir las alternativas y utilizarlas cuesta más trabajo aún que construirlas. Ahí están diaspora (en construcción) pero también identi.ca, indy.im, ya funcionales. Y por supuesto plataformas de blogs como esta misma y noblogs.

Luego pasamos a cuestiones de valentías y otras gaitas para ir allá en «esas condiciones».

Para nada. Yo estaba cagadita antes de salir e incluso después de llegar allí. Como prueba la primera página. Quería ir, pero de ninguna manera yo sola. De hecho, hice coincidir el viaje con la estancia de un amigo que luego me dejó bastante sola, aunque no sin antes facilitarme el contacto con toda aquella gente. Si no, de qué.

En Palestina hay unas redes de apoyo que deberían darnos envidia. Quiero decir que a palestina vamos bastante muy arropados, nunca estamos solos a no ser que queramos, y siempre hay alguien en una oficina con teléfono e internet que sabe exactamente dónde están los “internacionales”, o al menos dónde empezar a buscarles. Así que nada de pedestales por favor.

También es como en otras ocasiones donde saber que es solo un tiempo y que luego vamos a salir de esa opresión lo hace más llevadero. Ese y más privilegios son las “cartas” con las que jugamos, continuamente.

Otro amigo me comentó la cantidad de comidas que describo. “Leyendo el libro me entró hambre”, dice. Esta, lo duro de las condiciones – teniendo que negociar y viajar de una ciudad a otra para conseguir una ducha, por ejemplo. La dureza fue más psicológica que física. Estás en una guerra, pero de muy baja intensidad y con unos privilegios increíbles, así que en ese sentido no es demasiado diferente a ir de acampada a Andalucía, por ejemplo, en verano.

La dureza es psicológica y en todas las charlas a las que he ido sobre irse a otro barrio, o ciudad, o país, a ayudar en situaciones donde las condiciones de vida son extrema, se advierte que hay que estar razonablemente cuerdos y estables ya antes de ir, que no hay que considerarlo como una solución a ningún problema existente y menos mental.

Hebrón fue un poco demasiado, y eso que no estuve en los peores momentos. Para algunos compañeros fue aún peor, pero creo que fue duro para todos. Pero para eso tuvimos el privilegio de viajar libremente, y hay otros sitios donde «descansar», como las manifestaciones de Bi’lin, la tranquilidad de Kawawis o mismamente Jerusalén para todo el “paquete”: descansar, beber, y ducharse. Para algunos era suficiente el «cambio de aires» de un sitio a otro.

Luego está también la situación de riesgo. Junto a ese riesgo, nuestro tremendo privilegio por nuestro nacimiento en un país rico. No tengo estadísticas pero según los que llevaban allí más tiempo que yo, el riesgo es bastante mayor montándote en
un oche en cualquier pais con autopistas, que andando entre soldados que respetan ese privilegio.

Luego me preguntaba si aún quiero volver, y si la gente en general quiere volver (esto parece una entrevista). Por supuesto que quiero volver, todos queremos volver. La idea del libro era financiar la vuelta. “Mira lo que hago sin cobrar, imaginate lo que podría hacer si tu periódico me financiara.” Pero también hay tantos miles de cosas que hacer por aquí que eso ha pasado casi a un segundo plano, y además ahora quiero escribir más libros.

Tuve muchos mas compañeros que compañeras y quizás sea por esto que me acuerde más de las compañeras. De lo que no me acuerdo es de los nombres, qué conveniente. Había una mujer de Estados Unidos, creo, muy bajita ella, nos dijo su edad pero ahora no recuerdo sí andaba en los cuarenta o cincuenta. Nos contaba entre risas que cuando dijo a sus hijos que se iba a Palestina una temporada, le dijeron: “vale que tengas la crisis de la mediana edad” (esto es una frase hecha en inglés), y el resto de lo que le dijeron sus hijos nunca lo supimos porque las risas fueron demasiado sonoras y largas. Nos hicimos más amigas cuando le conté lo que me pasaba con los chicos, porque se suponía que no debíamos viajar solas sino con alguna compañía masculina, y resultó que viajar con chicos suponia supeditarme a sus circunstancias y deseos, no habia ninguna solidaridad por su parte. Y ella me aseguró que a ella, y a otras mujeres de nuestra misma honda, les había pasado lo mismo, y habían tomado la decisión de viajar solas y no les paso nunca nada.

Y luego la típica frase de viejos amigos. Quien lo iba a decir cuando nos conocimos hace siglos, que dice la amiga esta que ni me habría imaginado a mi en circunstancias de sola viajando por medio de armas y gente odiosa, pero cómo cambiamos, menos mal. Pero no, no he cambiado nada, sigo igual de miedica y siempre caminando sobre seguro, incluso cuando decidí “tomar riesgos”.