Marichu

(in English: here)
Marichu. Me gustaba mucho que hubiera una Marichu aquí, en Castilla, me gustaba llamarla y decirle hola, pronunciar el nombre. ‘Marichu, que se te cae la botella.’ ‘Marichu, ¿qué quieres?’ Y, con el tiempo, simplemente, Marichu, ¿cómo estás?

Cuando sacaba a mis padres a pasear al jardín, ella era una de los pocos que salían también, a veces con su hijo, a veces con su hija. ‘¡Hola Marichu, y compañía! Marichu me sonreía siempre que le saludaba.

Dentro de la residencia, en el hall, iba con su taca-taca, ella sola, buscando su cojín, que a saber dónde se lo habrían puesto las asistentes al limpiar. ‘¿Le ponemos el cojín en su sitio a Marichu?’ ‘¡No! Que luego se pasa buscándolo toda la mañana’.

Cuando lo encontraba lo traía a su silla. ‘¿Te quieres sentar aquí, Marichu?’ ‘No, solo quiero poner ahí el cojín, para luego’. Y se iba a dar otro paseo, y después de comer ya se encontraba la silla con su cojín, preparada para sentarse ella. Luego llegaba yo, a la hora de las visitas de la tarde. ‘Me vas a por una botella de agua? No encuentro la mía’. ‘Si no te importa beber agua del grifo, te puedo llenar esta, y así no tienes que esperar a que vaya yo al super’. Y me sonrió y me lo agradeció. Se le cambiaba la cara que parecía que había visto el cielo abrirse. La sonrisa le cambiaba la cara, y sonreía cada vez que le le hablaba yo, o le hacía un gran favor, como ponerle el tacataca o el bolso a mano, o un taburete bajo sus pies.

Los días de verano siempre estaba en el jardín, con algún hijo, a veces con nietos.

Pero ya no. Hay una silla donde Marichu suiempre se sentaba, en la que no se sienta nadie. La sala de estar entera está más vacía sin ella, y en verano lo estará el jardín, porque Marichu ya no está.