Epílogo

Extracto de Dando Testimonio
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Cuando vine, no sabía demasiado bien para qué había venido aquí. Pero eso no es lo más importante. He estado con gente que sabe de sobra para qué nos necesita. Y nos han puesto, me han puesto, en los lugares donde era necesaria, diciéndome, en ocasiones exactamente, qué había que hacer. Nunca se quejaron, pero siempre fui consciente de que necesitan más nacionales de países privilegiados. Mientras siga esta humillante ocupación, siempre necesitarán de la solidaridad internacional.

En ocasiones ha sido difícil, aunque puede que las situaciones más difíciles hayan sido las más triviales, o las que nadie se habría esperado que fueran difíciles.

Fueron difíciles los malentendidos con los colegas. Los malentendidos con los soldados fueron frustrantes. Luchar con el enemigo no es tan doloroso como luchar con tus amigos.

La razón “oficial” para escribir esto es para denunciar la situación en Palestina y así intentar cambiarla, a mejor. Una razón más personal es para nunca olvidar.

No quiero olvidar a M., que no paraba mientras nos explicaba cosas; simplemente no podía sentarse. Parecía que bailaba delante de nosotros mientras garabateaba en la pizarra blanca, y nunca dejaba de sonreír.

No quiero olvidarme de N. y sus hijas. Y su conocimiento. Y su ayuda.

No quiero olvidar a R.,que siempre nos saludaba en árabe, quizá con la esperanza que lo aprenderíamos.

No quiero olvidar a H., que me contó su historia y admitió sinceramente lo mucho que añora su juventud, y que me miró a los ojos mientras le expliqué el funcionamiento de las “democracias” occidentales, y admitió que él sabe sobre ellas por lo que lee, pero que veía en mis ojos que yo hablaba de lo que había visto y vivido.

No quiero olvidar al chico del ciber café que nos dedicaba una amplísima sonrisa cada vez que íbamos allí enviar nuestras historias.

No quiero olvidar a su padre, que trabajaba allí algunas tardes y no quiso cobrarnos.

No quiero olvidar a la gente que accedió a ser entrevistada, ni a las señoras en la pequeña tienda que vendían jabón hecho con aceite de oliva a mano.

No quiero olvidar a C., de EAPPI, al que conocí en un sitio y luego le vi otras veces en otros lugares, y nos dio la sensación, entre tantas caras desconocidas, de que nos conocíamos de toda la vida.

No quiero olvidar a todas las mujeres que nos han presentado a sus hijos y nietos, y nos han ofrecido la poca comida que tenían.

Aunque no le conocí, nunca olvidaré a R., que fue arrestado mientras yo viajaba por Palestina en la cárcel mientras yo estaba en Hebrón, y deportado después de que yo salidera de Palestina.

No quiero olvidar a D., que visitó a R. mientras pudo, y que nos envió informes sobre R. y sobre sí mismo, y que luego fue también arrestado y después deportado. Para no ser admitido nunca más en Israel ni en Palestina por las autoridades israelíes. Pero, con seguridad, alguien proviniente del mundo rico que no tenga aún vetada la entrada ocupará su lugar. Pero tenemos que seguir volviendo.

La única manera de mantener una presencia internacional continua que de alguna forma limite y documente las violaciones de derechos humanos, es mantener un flujo constante de gente occidental preparada para viajar a Palestina y pasar un tiempo allí.

Pasar unas semanas, o meses, en Palestina, acompañando a palestinos en su lucha diaria y compartiendo sus dificultades, es un acto de solidaridad que es necesario y también muy apreciado. Es un acto humanitario de compartir el privilegio de ser un digno ciudadano de un país respetado con gente que no tiene ese privilegio y está sufriendo por ello.

Me llevo a casa muchas cosas, pero una de ellas es un grito claro de socorro de los palestinos a nosotros, ciudadanos de países ricos, puesto que nuestros gobiernos no están haciendo honor a sus declaraciones de buenas intenciones. En concreto, nos piden que hagamos lo que podamos en tres aspectos:
# ir allí y compartir su vida diaria
# documentarla y contarla una vez de vuelta en casa
# boicotear los productos israelíes

No existen palabras para expresar el agradecimiento que sienten los palestinos cuando un ciudadanos de un país rico hace cualquiera de esas cosas.

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