El río, el camino y el rebaño

Montes castellanos. Entre ellos, el río. Crecieron los montes, o se hundió el cauce?


El camino junto al río, por la ladera, serpenteando, subiendo, bajando, valles y pueblos, trincheras de guerra. Buitres y corzos también vigilan.
Y el pastor. No llama, no habla. El perro viene y va. El rebaño come y se va. Deja atrás su estruendo, el polvo que delata su paso de lejos, el polvo que oculta su paso de cerca. Y sus bolitas negras, deshechos de hoy, nutrientes de mañana.

El pastor sonríe. O no. Tez curtida, mueca constante, piel que sonríe. Piel de verano, botas de invierno. Su manta al hombro, su boina calada. Su ropa y su pelo y su piel oscuros. Su paso sin pausa, sin prisa, sin duda. Sin curiosidad, sin preguntas. Muchas miradas.
El perro se para y mira al rebaño. Sigue al pastor. El rebaño engulle al camino. Luego el camino engulle al rebaño. Y sigue su aventura entre río y montes.